La sensibilidad: tu naturaleza salvaje

La sensibilidad: tu naturaleza salvaje

Es posible que a una parte de ti le rechine el título de este blog, por parecer un
oxímoron en sí mismo.


Sin embargo, déjame que te explique a qué me refiero.
De forma general, me refiero a la naturaleza salvaje de la psique de una persona
como aquello que la hace brillar, que alimenta su alma, que la hace sentirse feliz,
conectada con la vida. Cosas como la creatividad o el amor en sí mismo. Y dentro de ese
abanico, intuyo incluida también la sensibilidad.


Algunas somos personas (muy) sensibles. Y la verdad es que, aunque haya líneas
generales que lo describan, la sensibilidad será distinta para cada persona. Es posible que
aquello que te haga sensible sea la alta empatía por los sentimientos ajenos, o la necesidad de estar a solas gran parte de tu tiempo, tal vez para ti sea imprescindible dar a menudo paseos por el bosque, permanecer en silencio, leer un libro tranquila en tu sofá, observar detenidamente las flores de un jardín o escribir poesía salida del corazón.


No importa en realidad. Lo que sí importa es que muy probablemente si eres una
persona muy sensible te has llevado en la vida más palos que palmaditas por tratar de ser
y vivir acorde con eso. Seguramente han invalidado tus emociones una y otra vez, te han
tachado de floja, delicada, “piel fina” y no sé cuántas cosas más; socialmente se te ha
intentado doblegar para que normalices la vida anormal y enferma de la mayoría de
personas. No se ha valorado ni potenciado tu sensibilidad en tu entorno más cercano. Te
han obligado a seguir una vida con un ritmo de locos so pena de aislarte socialmente; te
han inculcado la necesidad de “hacer” constante, el deber de decir que “estás bien” y que
“no es para tanto” algo que para ti rezuma a gritos por dentro; a sentir un desgaste
continuo por seguir y alinearte con cosas que no resuenan contigo; a no poder decir que
NO sin ser tachada de egoísta o mala persona (o hija, hermana, amiga...). Y lo peor y
más escalofriante: dejar que tu alma muera poco a poco por no poder ser quien eres
en realidad.


Basta ya. Dejemos de doblegarnos. Se acabó la domesticación. Tal vez llegó la
hora en la que muchas de las personas que nos sentimos así dejemos de interpretar un
papel que no nos corresponde y que constantemente nos apaga el corazón.


Y volviendo al principio: es el momento de retomar tu naturaleza salvaje y de
sacarla a flote. Basta de esconderla. Y ésta no significa precisamente vivir en lucha ante
lo que nos oprime o invalida, puesto que estaríamos yendo precisamente en contra de
nuestra propia naturaleza.


La naturaleza salvaje de la sensibilidad es sentir intensamente, con todo lo que
ello implique. Vivir en paz. Tratar con amor. Vivir desde el corazón. Validar cualquier
emoción. Comprender al otro. Ser compasivo y amable.
Conecta con tu naturaleza salvaje. Honra la sensibilidad. Aviva tu alma.
Y si en algún momento decaes, recuerda: no estás sola.

*Nota: para facilitar la lectura se ha utilizado sólo el género femenino. Sin
embargo, no me olvido (y nadie debería hacerlo) de todos esos hermosos hombres
sensibles que hay en el mundo y cuya sensibilidad vive, muchas veces, mucho más
oprimida que la de las mujeres.

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